Psicoterapia y Educación Somática
Sobre o curso


UNA CLÍNICA DE LA POTENCIA Y DE LAS TRANSMUTACIONES DE LAS SUBJETIVIDADES
Atelier de subjetividades
“Es necesario llevar todavía un caos dentro de sí para poder dar a luz una estrella danzante.”— Friedrich Nietzsche, Así habló Zaratustra
Una propuesta de experiencia y transformación
El Proceso Zaratustra no es un curso sobre Nietzsche ni un grupo de estudio de Así habló Zaratustra, aunque la lectura de Nietzsche atraviesa profundamente todo el trabajo.
Tampoco se propone como una psicoterapia grupal en el sentido convencional.
Es un atelier de subjetividades: un espacio de experimentación en el que cuerpo, pensamiento, afectos, respiración, movimiento, palabra, silencio, teatro y creación se encuentran.
Partimos de una pregunta fundamental:
¿Hasta qué punto la vida que vivimos expresa nuestra potencia y hasta qué punto está organizada por hábitos, miedos, obediencias, culpas y formas de existencia que hemos incorporado a lo largo de nuestra historia?
Nietzsche no piensa al ser humano como una identidad acabada. No hay un “yo” definitivo que debamos descubrir detrás de nuestras máscaras. Somos una multiplicidad de fuerzas, afectos, memorias, valores, gestos, tensiones, deseos y modos de relación que se encuentran continuamente en movimiento.
Por eso hablamos de transmutaciones de las subjetividades.
No buscamos sustituir una identidad por otra, ni construir una versión supuestamente superior de nosotros mismos. Nos interesa crear condiciones para que determinadas formas cristalizadas de existencia puedan perder su rigidez y para que aparezcan otras posibilidades de sentir, pensar, relacionarse y actuar.
Una fisiopsicología
Nietzsche utiliza una expresión particularmente fértil para este trabajo: fisiopsicología.
Pensamiento y cuerpo no constituyen dos mundos separados.
Pensamos también con nuestra respiración, nuestra musculatura, nuestra postura, nuestra sexualidad, nuestros ritmos, nuestros miedos, nuestros placeres y nuestra historia corporal.
Una idea puede habitar una mandíbula contraída.
Una prohibición puede permanecer en una respiración que nunca termina de abrirse.
Una antigua obediencia puede reaparecer en la imposibilidad de decir no.
Una forma de tristeza puede haberse transformado en postura.
Y también una nueva experiencia corporal puede producir un pensamiento que todavía no existía.
Por eso, en este proceso, Nietzsche será leído también desde el cuerpo.
La filosofía deja de ser solamente interpretación conceptual y puede convertirse en experiencia.
La voluntad de potencia
Uno de los ejes del proceso será la noción nietzscheana de voluntad de potencia.
No la entendemos como voluntad de dominar a los otros ni como exaltación de un individuo fuerte.
La potencia es, ante todo, la capacidad de una vida para crear formas, establecer relaciones, transformarse, incorporar experiencias, atravesar crisis y producir nuevos valores.
Desde esta perspectiva, muchos síntomas, defensas y modos repetitivos de vivir pueden ser comprendidos también como organizaciones de fuerzas que, en determinado momento de nuestra historia, tuvieron una función.
No se trata, por lo tanto, de combatirnos a nosotros mismos.
La pregunta cambia:
¿Qué fuerzas están actuando aquí?
¿Qué necesita ser conservado?
¿Qué ya no necesita ser sostenido?
¿Qué nuevas posibilidades están intentando nacer?
Del conocimiento a la experiencia
Podemos comprender intelectualmente muchas cosas acerca de nosotros mismos y continuar viviendo exactamente de la misma manera.
El cuerpo tiene otros tiempos.
Por eso, el Proceso Zaratustra trabaja en la frontera entre comprensión y experiencia.
Integraremos lecturas comentadas de Así habló Zaratustra con prácticas provenientes de la Integración Organísmica, respiración, percepción corporal, apertura de tensiones musculares, movimiento espontáneo, teatro físico, improvisación, danza, encuentros en pequeños grupos, silencio y espacios de elaboración de la experiencia.
No se trata de aplicar técnicas sobre una persona.
Cada práctica será una invitación a investigar:
¿Qué sucede conmigo cuando permanezco aquí?
¿Qué aparece en mi cuerpo?
¿Qué evito?
¿Qué deseo?
¿Qué fuerzas me contraen?
¿Qué aumenta mi potencia de existir?
El propio grupo será una parte fundamental del proceso.
No somos organismos aislados. Nos constituimos en relaciones, resonancias, encuentros y conversaciones. La presencia de los otros puede volver visibles territorios de nosotros mismos que permanecían inaccesibles en la soledad.
Las tres metamorfosis
Zaratustra habla de tres metamorfosis del espíritu: el Camello, el León y el Niño.
No las tomaremos como etapas evolutivas rígidas. Las utilizaremos como figuras vivas para explorar diferentes modos de existencia.
El Camello — “Tú debes”
El Camello carga.
Carga valores, mandatos, deberes, ideales, responsabilidades, culpas y expectativas.
Todos necesitamos incorporar un mundo para poder vivir. Recibimos una lengua, una familia, una cultura, valores y maneras de amar. Pero aquello que un día nos sostuvo puede posteriormente transformarse en un peso.
Investigaremos nuestros “tú debes”:
las exigencias familiares y sociales, los ideales acerca de quiénes deberíamos ser, los juicios morales incorporados, las formas de obediencia y las tensiones corporales a través de las cuales continuamos cargando aquello que quizá ya no necesitemos cargar.
No para rechazar nuestra historia, sino para poder relacionarnos con ella de otra manera.
El León — “Yo quiero”
El León aparece cuando algo en nosotros puede finalmente decir:
“Yo quiero.”
Es la fuerza que enfrenta al gran dragón del “Tú debes”.
Aquí entramos en el territorio de la afirmación, del límite, de la agresividad vital, de la capacidad de decir no, de separarse, de abandonar antiguas obediencias y recuperar fuerzas que permanecían inhibidas.
Pero Nietzsche sabe que el León todavía no puede crear nuevos valores.
Puede conquistar la libertad.
Todavía necesita aprender qué hacer con ella.
Por eso, el León es un pasaje, no un destino.
El Niño — el gran Sí
La tercera metamorfosis es quizá la más misteriosa.
El Niño es inocencia, olvido, juego, comienzo, movimiento creador.
No significa regresar a la infancia.
Significa conquistar una forma de existencia capaz de crear después de haber atravesado el peso y la lucha.
Después del “Tú debes” del Camello y del “Yo quiero” del León puede aparecer otra afirmación:
el Sí a la vida.
Aquí entran el juego, la sensualidad, la curiosidad, los afectos alegres, la danza, la creación y la posibilidad de hacer de la propia existencia una obra siempre inacabada.
Apolo y Dionisio
Nuestro trabajo atravesará también otra gran tensión nietzscheana: Apolo y Dionisio.
Apolo da forma, diferenciación, límite y claridad.
Dionisio introduce intensidad, embriaguez, música, cuerpo, exceso, disolución de fronteras y participación en el movimiento de la vida.
No buscamos elegir entre ambos.
Nos interesa experimentar su tensión y su complementariedad.
La forma sin intensidad puede transformarse en rigidez.
La intensidad sin forma puede transformarse en dispersión.
Crear una existencia quizá implique aprender a danzar entre estas dos fuerzas.
Una clínica de la potencia
Cuando hablamos de clínica, no estamos hablando solamente de enfermedad o de tratamiento.
Recuperamos una clínica como arte de aproximarse a los modos singulares de existencia.
Una clínica capaz de preguntar no solamente:
“¿Qué problema tiene esta persona?”
sino también:
“¿Qué puede este cuerpo?”
“¿Qué disminuye su potencia?”
“¿Qué encuentros la aumentan?”
“¿Qué formas de vida están queriendo emerger?”
En este sentido, el Proceso Zaratustra se encuentra con la Integración Organísmica, perspectiva desarrollada a lo largo de décadas de trabajo clínico y corporal.
El organismo no es pensado como una máquina que debe ser corregida, sino como un campo vivo, histórico y relacional, permanentemente afectado por otros cuerpos, por la cultura, por sus memorias y por las posibilidades aún no realizadas de su existencia.
El campo de confianza
Antes de cualquier trabajo profundo, es necesario construir un campo de confianza.
Por eso, el primer encuentro estará dedicado especialmente a la presencia, la respiración, el contacto, la percepción corporal, la resonancia entre las personas y la creación de un territorio grupal suficientemente seguro para la experimentación.
No buscamos forzar experiencias ni producir catarsis.
Cada participante podrá encontrar su propio ritmo.
La transformación que nos interesa no proviene de violentar las defensas, sino de crear condiciones en las que algunas defensas puedan dejar de ser necesarias.
Hacer de la vida una obra de arte
En el fondo, el Proceso Zaratustra gira en torno a una cuestión simple e inmensa:
¿Cómo queremos vivir?
No existe una respuesta universal.
Por eso, este trabajo no propone una nueva moral, una doctrina ni un modelo de ser humano.
Propone experiencias.
Propone preguntas.
Propone encuentros.
Propone atravesar algunas de las fuerzas que nos constituyen y experimentar qué sucede cuando dejamos de considerarnos una identidad terminada.
Quizá, entonces, transformación no signifique convertirnos en otra persona.
Quizá signifique permitir que la vida vuelva a moverse allí donde se había detenido.
Nietzsche llamó a esto, de diferentes maneras, superación de sí, voluntad de potencia, creación de valores, amor fati, gran salud y afirmación de la vida.
Zaratustra desciende de su montaña porque necesita compañeros.
También nosotros proponemos una travesía realizada entre compañeros.
No sabemos de antemano qué estrella podrá nacer de ella.
Pero podemos crear juntos las condiciones para que el caos vuelva a ser fértil.
No se trata de encontrar una nueva verdad sobre nosotros mismos.
Se trata de aumentar nuestra capacidad de vivir, crear, amar, encontrarnos y decir Sí a la vida.
PROCESO ZARATUSTRA
Un viaje de transformación, creación y celebración de la vida.
Coordinación
Manoel Brandão

Médico psiquiatra y psicoterapeuta, con 45 años de experiencia clínica.
Creador de la Integración Organísmica, enfoque que viene desarrollando desde hace más de 35 años, integrando psicoterapia corporal, filosofía, arte y prácticas contemplativas.
Fue pionero en la introducción y difusión de las psicoterapias corporales en Uruguay, en la década de 1990.
Se graduó en Medicina y Filosofía en Salvador — BA y se especializó en Psiquiatría en 1979. Trabajó durante 12 años en hospitales psiquiátricos y en el SUS.
Formaciones Reichianas
Se formó en Psicodrama y en distintas corrientes de la psicoterapia Reichiana con J. A. Gaiarsa, Federico Navarro, Genovino Ferri, David Boadella y Laura Dillon (Osho Pulsation).
Estudió Experiencia Somática con Peter Levine (Somatic Experiencing®) y se formó en Vivation.
Fue alumno de Claudio Naranjo (SAT, 1993) y de Humberto Maturana, con quien estudió el nuevo paradigma de la biología del conocer.
Discípulo de Osho (Punta del Este, 1985; Poona, 1987) y formado en Osho Pulsation.
Integra en su trabajo recursos de la Fisiopsicología de Nietzsche con una perspectiva Somática, comprendiendo el cuerpo como expresión de la potencia vital, campo de fuerzas, afectos y transformaciones de la conciencia.
Su enfoque integra cuerpo, deseo, conciencia y cultura, articulando psicoterapia, espiritualidad y creación como caminos de transformación.
Coordinación
Rasjid Cesar

Bailarín, coreógrafo y maestro de danza butoh, mimo, clown, actor, director y artista marcial.
Creador del programa Arte y Sensibilización, con el cual trabajó durante ocho años con mujeres privadas de libertad en Argentina. Dictó clases de este programa en la Universidad Nacional de San Martín. Dirigió grupos de teatro y realizó montajes escénicos con personas con necesidades especiales.
Se formó en Integración Organísmica con Manoel Brandão. Creó los Juegos de Transformación Ético-Estética junto al psicólogo Raúl Cala; ambos coordinaron grupos terapéuticos integrando recursos escénicos a la clínica grupal.
Sus obras de butoh fueron presentadas en festivales de Japón, Francia, España, Austria, Colombia, Chile, Argentina y Uruguay. Colaboró con Katsura Kan y Rhea Volij, y produjo trabajos de Ko Murobushi, Yuko Kaseki y Minako Seki.

